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 CON TAN BAJA INVERSIÓN EN EDUCACIÓN, JAMAS SALDEMOS DE LA POBREZA Y EL SUBDESARROLLO.

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El decano de Ciencias Económicas y Sociales de la UASD, Porfirio García Fernández (Rabochi, que significa obrero en ruso), está acostumbrado a hablar con números. Eso lo hace casi a diario en las páginas de los diarios, y con suficientes méritos.

Ha de esperarse entonces que este Doctor en Economía, egresado de la Academia de Estudios Económicos de Bucarest, Rumania, no se sienta como pez en el agua cuando le inviten a sumergirse por primera vez en la profundidades  de la educación superior.

Pero poco más de 20 años de docencia universitaria es una experiencia que pesa, aunque se esfuerza en evadir los datos, siempre termina agarrándose de ellos; los indicadores económicos son su alimento académico.

"Estamos ante un escenario desagradable en cuanto a la educación general, no sólo en cuanto a la educación superior".

Las tentativas de modernización y las aspiraciones de nuevas formas de vinculación de la universidad con la sociedad no serán efectivamente logradas si no se impulsa vigorosamente la investigación en todas las áreas disciplinarias y se estimulan los recursos creativos de los universitarios.

En el contexto de las instituciones de educación superior en el país, la UASD tiene la primacía en el apoyo a la investigación, pero se trata de niveles muy precarios con relación a las potencialidades. En el mundo de hoy adquiere cada vez más relevancia la función de investigación y producción de conocimientos desde las universidades, como eje de la calidad docente y como centro dinámico de la articulación con los sectores y grupos de la sociedad.

La universidad luce desnutrida en su función de orientadora del debate público. Debe revitalizar su presencia e influencia como forjadora de opinión pública y debe hacerlo participando de forma destacada en los debates de realidades y problemas nacionales de relevancia, además de contribuir al fomento y difusión de los valores éticos y cívicos y las manifestaciones humanísticas y artísticas.

La educación superior dominicana, no es la única sufrida, también lo es la preescolar, la básica y la media. Los números que enarbola rayan en la vergüenza. De una pobre inversión únicamente se esperan pobres resultados. En educación, República Dominicana, ocupa uno de los niveles más bajos del continente americano. Al inicio del siglo XXI 18 de cada cien dominicanos no saben  leer ni escribir. El gasto social focalizado es uno de los más bajos del mundo, incluyendo a Africa. La empobrecida Namibiapresenta un gasto de 8.9 por ciento del PIB (por encima de la desarrollada Suecia); Bolivia, 3.4, México, 4.8, República Dominicana, apenas 2.8 (15 es el mínimo recomendable).

Un país que no invierta en la formación de los recursos humanos, difícilmente podrá salir de la pobreza. Más no hay ningún país que haya alcanzado el desarrollo sin formar los recursos humanos necesarios. Si nuestro país no hace grandes inversiones en la educación, difícilmente podrá superar las barreras del subdesarrollo, el atraso y la pobreza. Conozco dos maneras de  combatir la pobreza: formando los recursos humanos y creando fuentes de empleo, lo demás podría ser teoría pero no en el contexto en el que se desarrolla la economía dominicana.

Hay que desarrollar todo un plan nacional de educación, de estrategias para el desarrollo, para la educación superior. Las limitaciones que tenemos las universidades no son nuestra culpa; recibimos el producto que viene de la educación privada y pública. Entonces debemos aunar esfuerzos y ponernos de acuerdo sobre el perfil de del profesional.

 La UASD debe recuperar el terreno perdido, que los universitarios deben reagruparse mirando al horizonte con esperanza, con visión de futuro, hasta conseguir que la institución vuelva a ser UN FARO DE LUZ.

Fragmento de la entrevista publicada en el Periódico HOY, el 11 de marzo 2001

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